San Borondón cartografiada

 

LUIS REGUEIRA BENÍTEZ

San Borondón es por derecho propio el Gran Misterio de nuestras islas, un enigma que toma la forma de isla fantasma desde hace siglos para sobrecoger nuestra razón, para decirnos que convivimos con lo imposible. La misteriosa isla ha sido avistada durante siglos, sus contornos han sido perfilados, su forma y ubicación plasmada en los mapas que antaño recogían los territorios que el hombre conocía...a sus costas dijeron llegar diversos navegantes, y en búsqueda partieron durante varios siglos una decena de expediciones. San Borondón evoca el paraíso, y de hecho debió ser visto como tal en tiempo de dificultades. ¿Existe… existió de verdad una isla hoy perdida? ¿Qué mecanismos se confabularon para dar origen y hacer recalar en Canarias a un mito tan potente y rico en matices? El historiador Luis Regueira Benítez conoce como pocos este territorio del misterio llamado San Borondón en honor al viejo y mítico monje irlandés Brendan. Ha indagado en viejos legajos y recogido testimonios modernos de personas que aseguran haberla avistado en el horizonte. En algún punto de nuestro fascinante Universo, San Borondón es una isla real en cuyas costas rompen las olas del mismo océano que baña nuestras islas.

 

LO QUE LUIS REGUEIRA BENÍTEZ NOS CUENTA... 

Desde una lectura simbólica, dejando a un lado las observaciones, los mapas, etc... ¿Cuál es el significado, el mensaje o motivos por los que San Borondón emerge y se mantiene durante tantos años latente?

- San Borondón es un mito que se ha mantenido vivo durante muchos siglos. Desde tiempos de los romanos hay datos sobre una isla inaccesible en el entorno de las Afortunadas, y desde que las Canarias son redescubiertas para el hombre europeo en el siglo XIV, las referencias a San Borondón son innumerables y no han cesado hasta hoy. En todo ese tiempo, ha podido variar mucho el simbolismo del mito, pero quizás el sustento original haya que buscarlo en la esperanza de que más allá del mar, en algún rincón oculto del planeta, existiera un lugar apacible en el que no había que preocuparse de los problemas más acuciantes, que eran muchos. Es un anhelo que pudo consolar a los familiares de los marinos que no regresaban de sus viajes, e incluso sirve como concreción de un destino escatológico materializado dentro de este mundo, igual que el Paraíso Terrenal o el Infierno de la mitología clásica.

Parece absurdo pensar que esta motivación sea válida para nuestros tiempos, pero lo cierto es que permanece de algún modo, transformada en poesía y ya sin visos de credulidad.

Por otro lado, para los que han visto San Borondón en el horizonte, la isla puede significar la propia fantasía convertida en materia (nada más material que la tierra firme). Y para los que no la han visto, tal vez no sea más que un símbolo de identidad, pues los canarios sienten San Borondón como un ingrediente más de su cultura.

Usted ha contribuido en los últimos años a enriquecer el conocimiento de San Borondón con datos novedosos. ¿Es posible encontrarnos aún con sorpresas, con nuevos casos, documentos, etc.?

- No me cabe la menor duda. Precisamente en estos momentos estamos trabajando Manuel Poggio y yo en un documento del siglo XVI que recoge un contrato para partir de Gran Canaria en busca de San Borondón. Es una expedición más que sumar a la lista de aventuras que se organizaron en su búsqueda. Si tenemos en cuenta que hace muy pocos años sacamos a la luz unos documentos notariales de 1570 que describían otra expedición desconocida hasta entonces, está claro que no debemos descartar jugosas novedades. 

Sorprende mucho comprobar que se organizaron tantas expediciones, algunas en tiempos más o menos recientes...

- Las últimas conocidas datan de mediados del siglo XVIII. Después de esa fecha, con la influencia de la Ilustración y luego con el positivismo científico, la inexistencia de San Borondón quedó fuera de duda. Sin embargo, en los siglos XV, XVI y XVII fueron muchísimas las expediciones que se organizaron. Conocemos algunas con cierto lujo de detalle y otras con datos muy escasos. Algunas que no pretendían más que satisfacer la curiosidad y otras con ambición conquistadora. Incluso en 1721 las instituciones oficiales trataron de descubrir la isla como medio desesperado de superar una gravísima crisis socioeconómica.

San Borondón sigue apareciendo. Usted y Poggio en un libro dedicado al asunto, publican incluso fotos tomadas con móviles. ¡Se resiste a desaparecer!, aunque cueste ser testigo de sus apariciones.

- La imagen de San Borondón ha sido captada infinidad de veces con las técnicas propias de cada momento: con dibujos en los siglos pasados, con fotografías desde la década de 1950, en vídeo en 2003, y, por supuesto, con teléfono móvil. Era cuestión de tiempo. Hay que tener en cuenta que San Borondón es un fenómeno óptico que se produce en el horizonte cuando confluyen determinadas condiciones atmosféricas. Por eso hay temporadas en las que se ve con más frecuencia y años en que no se ve. La única forma de que San Borondón deje de aparecer es el cambio climático, así que ya tenemos un motivo más para luchar contra él.

¿Qué se encontrará el público en su charla?

- Se encontrará con un repaso de los mapas en los que ha aparecido San Borondón a lo largo de la historia, pero este repado no servirá más que como hilo conductor porque lo que se pretende es dar una visión general de los aspectos más fascinantes del mito desde el punto de vista de la historia, la etnografía, la ciencia, el arte... Me gustaría que los asistentes salieran de la charla con una idea clara de lo que es San Borondón, una isla que está en la frontera entre la realidad y la fantasía. Luego cada uno tendrá que decidir por sí mismo desde qué lado de esa frontera prefiere contemprarla.