UN PUFO ESPIRITUAL LLAMADO "SER ALADO"

TM Redacción _

© Juanca Romero Hasmen

 

Juanca Romero Hasmen (Barranco de Badajoz)Recuerdo la primera vez que me encontré de frente a la fotografía que de forma más o menos intencionada fue bautizada con el nombre de “ser alado” o “ángel alado”, obtenida según su autor, en el afamado Barranco de Badajoz en la isla de Tenerife. Alrededor de este espacio natural pululan infinidad de historias controvertidas, sobre las que tuve el honor de escribir el primer y único monográfico dedicado a sus enigmas y por qué no decirlo, un buen puñado de mentiras que sobre él se cuentan. Tengo el convencimiento, y no me cabe la menor duda, de que se trata de uno de esos lugares de poder en los que la realidad y lo misterioso, sin ser menos real, se funden en uno. El auténtico valor del Barranco de Badajoz está en su morfología natural y la antropología que en la corriente de lo enigmático, se devanea constantemente. Cierto es que también rondan la esfera del lugar algunos saltimbanquis de la trola y el esperpento, mariconas ávidas de comidillas más propias de alcahuetas, que de adultos con canas en los cataplines. Alguno de estos, es capaz de presumir de ser amo y señor del lugar por el mero hecho de haber inventado un sin fin de chorradas en la época en la que los ciudadanos se tragaban los cuentos fantásticos que contaba un grupo de amigos del alcohol y las humaredas sospechosas.

Lo cierto, y por tanto verdadero, es que a partir de los años noventa, el Barranco de Badajoz se convirtió en enclave para la peregrinación, al que acudían sistemáticamente interesados en las cosas del misterio, curiosos, iluminados e investigadores en la materia. Por aquellos años desfilaron vereda arriba y vereda abajo, algunos conocidos en el mundillo como el doctor Jiménez del Oso –persona por la que tengo gran admiración-, y otros personajes en la órbita del profesor Tristambeiker, como el afamado contactado Sixto Paz. Aquel reguero de visitantes, que continúa aún en nuestros días, tuvo como consecuencia que el lugar se proyectara con sobrada importancia dentro y fuera de las atlánticas fronteras isleñas, situándose en el Top Ten de lugares visitables para “toparse con las cosas raras”. Y en ese poder de atracción que el Barranco de Badajoz ejerce, es donde debemos situar la historia que nos trae hoy a estas páginas dominicales.

Fotografía del supuesto "ser alado". Fotógrafo: Teyo Bermejo.La fotografía conocida como el “ser alado” fue obtenida por el fotógrafo Teyo Bermejo en el seno del barranco, convirtiéndose en uno de los iconos identificativo de todos sus misterios. Se ha dicho y escrito mucho sobre esta imagen; desde que se trata de un capricho fruto de la casualidad, hasta que consiste en la mismísima imagen de Lucifer o cualquier otro demonio. ¿De qué manera se realizó la fotografía? Teyo Bermejo cuenta lo siguiente:

“Hubo una época muy intensa. No sé si es porque yo estaba más conectado arriba o estaba menos. La verdad es que siempre había que hacer una especie de preparación ¿no? El caso es que esa época fue muy intensa, yo estuve bastante, si quieres, fanatizado, buscando eso. De hecho muchas veces dije: ¡si hay algo aquí, que se plasme ya!, porque ya estaba un poco hasta mosqueado ¿no? Entonces ya decía que esto se me iba de las manos. Por eso luego lo dejé un tiempo bastante largo y lo dejé ahí como diciendo ¡bueno, sus razones habrá de por qué pasó! […]”.

“[…] Sé que he tenido detractores, pero no me importa, o sea, yo creo que en aquel momento estaba plasmando lo que yo creía que era, y bueno, a lo mejor ahora no, pero dentro de diez, quince o veinte años tendremos la solución de lo que era […]”.

 “En el Barranco de Badajoz hay una tradición donde creo que hay que pedir permiso para entrar. Pero yo siempre pienso que si tú estás en la luz, la oscuridad se aparta. Lo que pasa es que si buscas la oscuridad posiblemente la encuentres. Pero tú siempre busca el camino de la luz y verás que siempre habrá luz. Y date cuenta que si en un sitio de oscuridad enciendes una cerilla o una luz, ilumina, o sea, aparta la oscuridad […]”.

“A mí me ha servido para saber que existe algo más. Todos estamos convencidos. Yo estoy seguro de que existen. ¿Vamos a ser nosotros el centro del Universo? Yo creo que no, que hay más […]”.

(Transcripción literal extraída de televisión. 15/10/2007).

Juanca Romero impartiendo una de sus conferencias sobre el Barranco de BadajozPregunto: ¿Qué validez científica tienen las narraciones de una persona que como premisa y casi dogma, recurre a la explicación espiritual sobre un fenómeno que apunta en todos sus vértices al espectro técnico? La interpretación espiritual, algo chocarrera para la mayoría, es compartida por muchas personas que tienen el convencimiento de que en el lugar existen aspectos esotéricos, y que en algunas ocasiones como en el caso de Teyo Bermejo quedan reflejadas en las fotografías. En este supuesto, se debe entender que estos hipotéticos entes o seres, contactan con estas personas para guiarlas y marcarles un camino a seguir o fijarles alguna misión vital. Puede parecer lógico que el autor de las imágenes se vea envuelto en un halo de sesgadas o reconducidas explicaciones, pero resulta más llamativo aún si cabe, que algunos lamedores de traseros que pululan en este sucio mercadillo de la información, asientan con la cabeza y comulguen con lo absurdo a través de sus repetitivos libros y cansinas cantinelas radiofónicas. Gracias a la coherencia y raciocinio, otras muchas personas califican estas supuestas evidencias espirituales como simples aberraciones fotográficas producidas por causas meramente ordinarias y explicables. Permítame amigo lector, recurrir nuevamente a mi libro “Barranco de Badajoz, entre leyendas y misterios”, para invitarle a que lea el magistral análisis técnico que realizó el gran investigador y analista Rafael Cabello sobre la imagen del “ser alado”.

Sin ánimo de ocupar más de su tiempo, simplemente me gustaría acabar estas líneas apelando a su condición de lector y por tanto, persona crítica. Ninguno de nosotros estamos capacitados ni autorizados para criminalizar ni tachar a nadie por el simple hecho de haber vivido lo que ellos consideran una experiencia espiritual, vital, trascendental o misteriosa. Nuestro papel como sociedad, es el de fiscalizar lo que después se hace con la información que esa experiencia pueda generar. Y es en este punto y en el particular caso de la citada serie de fotografías, donde un puñado de “queda bien” ha mostrado cara al público su nivel de catetismo y vasallaje, aunque después en conversaciones privadas, califiquen al citado fotógrafo de todo lo contrario.

En fin, como en todo, el tiempo asentará verdades y mentiras. Mientras tanto, sigo sentado en este mullido sofá del siglo XIX esperando que los espíritus se dejen ver aunque sea en la humareda de un fétido pedo intelectual.

 

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